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Exposición Biblioteca oculta: La imprenta en Segovia tras Juan Párix (1476-1812)

La imprenta en Segovia tras Juan Párix (1476-1812)

Como las historias de amor con final feliz que no nos muestran lo que pasa tras años de convivencia, con la historia de la imprenta en Segovia pasa algo similar. Tenemos un inicio que no podía ser más brillante, la elaboración del primer libro impreso en nuestro país: el “Sinodal de Aguilafuente”. Dos figuras clave para conseguirlo fueron, por un lado, el obispo de la Diócesis de la ciudad, Juan Arias Dávila, que conoció el nuevo invento en Roma y, por otro,  Juan Párix de Heidelberg, el impresor del que se valió el obispo para su propósito.

Sin embargo, tras la desaparición de estas dos figuras, la historia de la imprenta en Segovia inicia un período de inestabilidad. La propia debilidad de una ciudad que iba perdiendo peso político y económico, unido a la falta de demanda al carecer de universidad o de una sede episcopal fuerte, propiciaron que tras el mejor de los inicios llegasen los tiempos de “vacas flacas”.

Desde la Biblioteca Pública de Segovia, a través de esta nueva exposición de “Biblioteca Oculta”, creemos que es interesante hablar de este período mucho menos conocido de la historia de la imprenta en nuestra ciudad y lo hacemos, como siempre, a través de nuestros libros, esta vez uniendo dos joyas de nuestra biblioteca, nuestro fondo antiguo y nuestro fondo local.

Como ya se ha comentado en la introducción, tras Párix, Segovia careció de una imprenta estable hasta la segunda mitad del S.XVIII y tuvo que recurrir a tipógrafos foráneos para cubrir la escasa demanda. La excepción durante el S.XVI fue la imprenta que se estableció en Martín Muñoz de las Posadas con Lorenzo de Soto (1570-1576), pero en la ciudad de Segovia, como decimos, no se estableció ninguna imprenta que podamos denominar estable.

¿Qué tipo de textos se necesitaban imprimir? Fundamentalmente textos litúrgicos que cada diócesis, que ejercía con cierta libertad, tenía necesidad de utilizar. Esta demanda también casi desapareció tras el Concilio de Trento (1545-1563) ya que se unificó la liturgia y esto propició que se encargaran los textos a impresores más importantes. También se imprimían textos para el ayuntamiento y para particulares, aunque en menor medida.Este es el caso de Juan de Horozco y Covarrubias (1588-1592), que tenía su propia imprenta y que contrató los servicios de tres impresores: Marcos de Ortega, Juan de la Cuesta y Pierre de Reims.

Durante el s. XVII la imprenta en nuestra ciudad sigue dependiendo de la iniciativa de unos pocos hombres y siempre de forma puntual. A esto hay que añadir una importante crisis económica y una censura férrea que entorpecía enormemente la publicación de muchas obras. Para que nos hagamos una idea del ir y venir del siglo solo hay que fijarse en las fechas de los impresores que trabajaron en y por Segovia: Diego Flamenco (1628-1629), Jerónimo Murillo (1630-1632), Diego Díaz de la Carrera (1637-1640) y Bernardo Hervada (1669-1672).

Destaca en este siglo la impresión de la gran obra de Diego de Colmenares “Historia de la insigne ciudad de Segovia…” que requirió los servicios del nombrado Diego Díaz de la Carrera (1637-1640) y que pagó de su propio bolsillo el autor, aunque con alguna ayuda del municipio y la Junta de Nobles Linajes. 

El siglo XVIII traerá el cambio definitivo y el final de esta historia, el establecimiento de una imprenta estable en Segovia, aunque aún habrá que avanzar en el siglo para verlo. Hasta ese momento, en Segovia, destacan dos conventos con imprenta, el de San Francisco y los Huertos, para los que trabajaron varios impresores de diferente origen.

A partir de la segunda mitad del siglo empiezan a cambiar las cosas gracias al movimiento transformador de la Ilustración que propicia una edad de oro para la imprenta y el mundo del libro en Europa. Los aires ilustrados también llegan a Segovia promovidos por dos hechos importantes: la creación en 1764 del Real Colegio de Artillería y la de la Sociedad Económica de Amigos del País de Segovia en 1780. Ambos se convertirán en difusores de las nuevas ideas y de conocimientos científicos y técnicos, así como en centros de cultura, que necesitarán, obviamente, una imprenta estable en la ciudad.

Tenemos, por tanto, un despertar intelectual en la ciudad que favorecerá la demanda necesaria para que sea rentable una imprenta, este hecho lo aprovecha Antonio Espinosa de los Monteros Abadía (1777-1812). Este impresor trabajaba en Madrid como grabador de medallas y fabricante de punzones de letras, labor que compaginaba desde 1774 como grabador principal de la Casa de la Moneda de Segovia. El Ayuntamiento de la ciudad le propone establecer una imprenta y una escuela de oficios relacionados con el mundo de la impresión y del grabado, que comenzará a funcionar a partir de 1777. Aunque su ambición siempre le llevó a estar más interesado en atender sus negocios en Madrid, su producción en Segovia es notable y nos deja testimonio de la vida de la ciudad.

Y hasta aquí la tortuosa historia de la imprenta en Segovia después de Juan Párix que, por suerte, termina con un final feliz. La imprenta y los impresores ya no dejaron de trabajar en nuestra ciudad, y no solo los sucesores de Antonio Espinosa, sino también otros impresores que vieron posibilidades de negocio durante el siglo XIX y XX. Por eso, esto no termina aquí, seguiremos hablando de ellos, dada su importancia para conocer nuestra historia, en nuevas exposiciones de “Biblioteca Oculta”.